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ES 03 - Fase de Acercamiento


En treinta y seis horas previas al transito, Pablo apenas salió unos minutos de su apartamento; sin embargo, gracias a que ese intervalo de tiempo le acompañé allá donde iba, sirvió para conocer algo mejor su entorno más próximo. Ciertamente me fue de gran ayuda.

Es mediados de semana, de una semana a la que llaman Santa. En concreto, jueves.

Vivo en una tercera planta sin ascensor, de un pequeño y modesto edificio de tres plantas. En cada una de las cuales se distribuyen dos apartamentos. Un extraño aroma fue lo primero que percibí al salir por la puerta del mío, mejor dicho del de Pablo, aunque de ahora en adelante será mi hogar, mi base de operaciones. Como iba diciendo, más tarde supe que aquel olor era incienso, que al parecer, a Antonia, mi vecina de planta, le gusta quemarlo por estas fechas. Por cierto, como hice con Pablo en el primer informe ES 01, debo aclarar que Antonia tampoco es su nombre real. Por seguridad hay que preservar la identificación de todos los que de alguna u otra forma intervienen en el Proyecto. De manera que de ahora en adelante, cualquier nombre que aparezca en mis informes es totalmente ficticio.

Bien, Antonia es una mujer mayor, solterona y con muy mal humor. Eso sí, bastante educada y cumplida, aunque algo cotilla. De hecho, nada más me ha visto salir, y coincidiendo que ella entraba en su apartamento, ha preguntado por mi salud: «¿Le ha ocurrido algo? Hace días que no le veo». «Estoy bien, gracias» he contestado como si nada hubiese pasado. Lo cierto es que no esperaba tan inminente encuentro con alguien, y por ello traté de momento cortar la conversación, bajando las escaleras precipitadamente. Mientras lo hacía la escuché murmurar desaprobando mi comportamiento. No la juzgo por ello y espero que disculpe mi conducta, motivada únicamente porque aún no me encontraba preparado para soltar por mi boca dos frases seguidas.

Así que salgo fuera. La calle se encuentra cortada al tráfico y la frecuenta multitud de personas. He preguntado la razón y me dicen «que en muy poco pasará una procesión». ¿Procesión? Horas después concluí de que se trataba. Por supuesto respetaré todo lo que tenga que ver con las ideologías y culturas religiosas. Después de todo estoy aquí por menesteres más importantes. No obstante, he de decir en este informe que la aplicación de las religiones en cualquier civilización es un claro síntoma de falta de evolución; y en consecuencia ésta nos hace indicar que aún no está preparada. Debo seguir estudiándola.

Ahora lo que más me urge es buscar algún alimento, o mi cuerpo desfallecerá de un momento a otro. Vuelvo a sentir algo de vértigo y, a duras penas, dando bandazos cruzo la calle, hasta llegar a apoyarme en la pared. Hace un calor horrible y me remango la camisa como puedo. La gente me mira con desprecio y pasa de largo. Apuradamente logro cruzar la bocacalle que en ese momento me pareció interminable. El sol me deslumbra, pero al fin consigo distinguir un rótulo de alimentación. Eso me hace subir el ánimo por lo que mi celebro parece recibir las últimas reservas de azúcar, cosa providencial para alcanzar el destino sorteando la muchedumbre que viene en mi contra.

Es una tienda pequeña de barrio, de estas que están abierta todos los días y a todas horas, y de las que disponen de casi de todo. Sólo un escaparate me separa de la salvación, de unas deliciosas pastas horneadas, de bollería casera e incluso de panes de todo tipo de cereales. El aroma esta vez me hace salivar. Me gusta. Es una sensación que nunca antes había tenido. Sin embargo, no tuve en cuenta algo, un error que debí prevenir y del que fui informado en mi fase de preparación. De hecho, la ingenuidad como principiante me pasó dura factura.

Extraigo la cartera de mi bolsillo, pero lo hago justo antes de entrar en la tienda. Tres desalmados se percatan, parecen salir de la nada, y se abalanzan sobre mí con el propósito de arrebatarme el dinero. Tras un forcejeo consigo desasirme de uno de ellos, atizándole un golpe fuerte en su rostro. Pero mi debilidad no pudo con más y caigo al suelo redondo, rendido ante ellos. Mi estómago esperaba esos deliciosos bollos, pero fue una lluvia de patadas las que recibe, cuyo dolor insoportable me hace suprimir la respiración por tres interminables segundos. Al grito de «¡borracho!» se esfuman entre la confusión de la multitud, por supuesto con mi dinero en sus bolsillos.

Como si hubiesen extirpado el corazón a la gente, caminan con parsimonia al son de la banda de música de la procesión que iba pasando justo en ese instante, y cuya imagen humana esculpida en madera yace en una cruz. La vista se me nubla. Por un momento creo abandonar el cuerpo y por consiguiente abortar el Proyecto. Mientras pierdo el conocimiento, una sirena de policía se oye acercarse.

«Cierro comunicación»

En'Sil

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